24 abr. 2009

Naturaleza Vs Cultura

Hace unos días una discusión me hizo pensar que parece que no están claras del todo cuestiones muy básicas sobre naturaleza y cultura en el ámbito del animal humano. No pretendo realizar una aproximación muy profunda acerca de cuestiones psicobiológicas en las que parece que nunca va a existir un acuerdo o un enfoque conjunto entre biología, antropología y neurología sino delimitar a grandes rasgos a qué hay que atenerse cuando se habla de la dicotomía naturaleza/cultura en referencia al homo sapiens sapiens.

"La naturaleza del hombre es su cultura" se dice habitualmente. Y en cierto modo parece ser cierto. A nivel biológico y evolutivo parece que se ha primado un órgano por encima de otros que es el que nos diferencia de otros primates evolutivamente muy cercanos a nosotros. Éste órgano es el cerebro, que después una primera fase de bipedización que era necesaria para dejar las manos libres y así poder establecer una relación de feedback con el cerebro para aumentar poco a poco habilidad y tamaño cerebral. Todas estas nuevas habilidades fueron precisamente acumulándose poco a poco hasta crear un cúmulo de costumbres, herramientas, modos de actuar y comportarse en torno a las actividades básicas de la vida como son el nacimiento, la procreación, la muerte o la alimentación que a medida que fueron creciendo en número los grupos sociales se hizo cada vez más y más complejo. Todo este conjunto de "ideas, costumbres y cacharros", tal como un antropólogo definió la cultura humana, son propios de cada cultura particular, pero toda sociedad o pueblo tiene su propia cultura. Esto que podría parecer una aclaración un tanto tautológica tiene su importancia, como veremos un poco más adelante. Toda esta acumulación de saberes precisaba básicamente de dos cosas; a nivel físico o biológico de un órgano especializado que pudiese en primer lugar entender y en segundo acumular toda esta información. Esto lo soluciona la evolución con el neocórtex cerebral que es único en el ser humano, es decir, de algún modo parece que nuestro cerebro se especializa en la cultura. La segunda necesidad para que esto se lleve a cabo es la de transmitirlo, y para ello el ser humano ha sido dotado tras años de evolución con la capacidad física y neurológica del lenguaje humano materializado en las miles de lenguas presentes en todo el mundo.

Aquí pueden surgir los primeros comentarios o problemas. Efectivamente existen especies de animales con algún tipo de lenguaje, sea este a través de gestos, movimientos o sonidos, con el que son capaces de transmitir cierta información. Incluso se puede llegar a afirmar la existencia de cierta cultura en sociedades de primates que, viviendo en diferentes lugares, han llegado a soluciones distintas al mismo problema. Todas estas afirmaciones no se niegan, ya que de hecho son ciertas. Además, en muchas ocasiones se han utilizado los argumentos de la cultura y el lenguaje para justificar actitudes antropocéntricas y especistas hacia otros animales. Incluso como se sugiere a veces olvidando además que el ser humano también es al fin y al cabo un animal.


¿Como se soluciona el problema entonces? Personalmente creo que admitiendo una diferencia de grado que cualquiera puede observar. Seguramente el lenguaje más complejo del reino animal sea el de los delfines y aunque no se puede entender qué es lo que se dicen, si se han encontrado dos diferentes formas de comunicación; mediante una especie de chasquidos y mediante ultrasonidos. Aún con lo complejo que parece ser esta forma de comunicación, no parece haber indicios de que se utilice para nada más que para transmitir información básica referente a la subsistencia. El enrevesado lenguaje de las abejas solo sirve también para indicar con cierta exactitud la situación de polen. Sin querer minimizar estos modos de comunicación, todavía no se ha visto a ningún animal transmitirle una nueva receta, contarle lo que le sucedió el día anterior y, ni mucho menos, crear juegos basados en el lenguaje. Es precisamente esta especialización que ha sufrido el ser humano la que lo diferencia de otras especies animales. Evidentemente, esta capacidad humana no hace al ser humano mejor ni peor que otras especies, ni le da derecho para explotar, torturar o aprovecharse de los recursos naturales o de otros animales. Tampoco para creerse el centro del universo o de las criaturas vivientes del planeta. Todo esto es aplicable también al caso de la cultura.

Las muestras de cultura de las que se pueden ver ejemplos en la naturaleza, difícilmente se pueden definir como tal. Las diferentes soluciones que se dan al mismo problema en primates de la misma especie en distintos lugares son efectivamente algo adquirido, por lo tanto inventado y creado por ellos mismos. El problema parece ser que surge a la hora de la transmisión de estos conocimientos. Una innovación perdura como mucho una o dos generaciones, aunque en ocasiones han perdurado bastante tiempo. Esto está relacionado con la capacidad de transmisión de la información; sin un lenguaje suficientemente rico, no se puede transmitir la nueva información de un modo efectivo. Estas nuevas técnicas se aprenden por imitación, y es suficiente con que muera el individuo que lo ha descubierto o que otros individuos más torpes que él no sepan llevar a cabo la acción, para que se vuelva a perder. Por lo tanto esta cultura sería una de un tipo muy rudimentario en el que los principios básicos de acumulación y transmisión no se cumplen en muchos casos. Ejemplos de diferentes soluciones entre aves han sido también estudiados y parecen seguir el mismo ejemplo que el de los primates, aunque existe un mayor debate sobre si se trata de algo innato o algo adquirido. Sea como fuese, la diferencia de grado sigue siendo notable. El número de conocimientos que se adquieren son muy pocos, por no decir que se reducen a un par de ellos como mucho en cada caso. Además, el conocimiento y la información que se transmiten sigue haciendo referencia a la subsistencia de los individuos y en ningún caso parecen existir ritos simbólicos mínimamente articulados, por ejemplo, aspecto presente en toda cultura humana, aun en las tenidas tradicionalmente como "simples".

La conclusión es, por lo tanto, que así como los guepardos corren a 110 km por hora, o el 90% de especies que habitan las fosas abisales poseen algún tipo de bioluminiscencia, el ser humano ha desarrollado una capacidad para acumular conocimientos y saberes que hacen de su vida social algo complejo y a la vez totalmente necesario para su subsistencia. Por este motivo podemos decir que efectivamente, la naturaleza humana es en realidad su capacidad para la organización social, y por lo tanto, la cultura.




2 abr. 2009

El Antropólogo Inocente, Nigel Barley

Siento tener esto tan abandonado, pero no me queda mucho tiempo para dedicar a leer y escribir otras cosas que no sean para la facultad. Así que de aquí a final de curso es bastante probable que no escriba más que un par de nuevos posts, a menos que cambie la cosa...

Hoy voy a escribir acerca del libro "El antropólogo inocente", de Nigel Barley. Hace poco mas de un mes que lo compré y en cuanto comencé a leerlo, el día siguiente de tenerlo, no pude parar hasta terminarlo. El libro es entretenido, gracioso y muy fácil de leer, cosas ambas difíciles de encontrar dentro de los libros que tratan temas antropológicos. Pero claro, este no es un libro de antropología al uso. No estamos hablando de una monografía clásica al estilo malinowskiano, sino de un acto, sobre todo, de reflexividad del propio autor. Por ello, no voy a resumir el propio libro, ya que sería como contar el final de una película o de una novela, sino que intentaré comentar aspectos metodológicos que me parecieron interesantes.

El primero, como ya comenté, es el contínuo esfuerzo reflexivo que hace el autor a lo largo de toda la obra. De hecho, el libro puede entenderse casi como un soliloquio, como un diálogo interno del propio autor donde se analiza toda la trayectoria de un trabajo de campo. Aspectos totalmente olvidados y omitidos por la mayoría de los antropólogos a lo largo de la historia como pueden ser la decisión de qué se estudia, el viaje al lugar estudiado, el papeleo, las ayudas necesarias para financiar todo el estudio, la propia estancia en el campo, sus sentimientos hacia los individuos estudiados, etc. son aquí el centro de la obra. Son contados además con un humor y una prosa envidiables, que no solo te arrancarán una sonrisa, sino más de una carcajada. Podríamos decir, haciendo un arriesgado paralelismo, que Barley ha publicado y dado importancia a lo que Malinowski guardó en sus diarios de campo que más tarde salieron a la luz sin su consentimiento, y que tanta polémica crearon.

Las relaciones personales quedan en el libro al descubierto. Este aspecto también ha sido poco tratado o incluso invisibilizado en la literatura antropológica, que muchas veces saldaba la relación con los informantes con una mera dedicatoria en el libro. Sin embargo, Barley nos cuenta cómo todos y cada uno de los miembros de la sociedad dowaya tenía sus intereses en sus relaciones con él. Incluído el "informante clave", figura casi mítica dentro de la antropología. Todos esperaban una reciprocidad a cambio de su presencia en el poblado, y el no tenía más remedio que acceder a saldar esta deuda no contraída. Habla también de cómo pagar a un informante se convierte a veces en la única forma de conseguir información, al menos, información veraz, y no meros comentarios sobre un tema. Las envidias entre el jefe dowayo y su persona en determinados momentos, deja claro cómo el antropólogo, al entrar en un pueblo, en una comunidad, no tiene más remedio que participar de su idiosincrasia, y aquí el concepto de observación participante, se ve más marcada que nunca, pues el antropólogo es una gente externo, que penetra en la sociedad de forma repentina y se convierte en una novedad para los habitantes, pero que irremediablemente termina formando parte de la vida de éstas personas y por lo tanto será el mismo objeto de discusiones, envidias, y temores, pero también de relaciones afectuosas y amistosas.

Los problemas de acceso son un punto fuerte del libro. Desde los permisos burocráticos del país al que se dirige, llegando a perder meses solo en esto, hasta el aprendizaje de una lengua totalmente ajena y desconocida al investigador. El lenguaje tonal se le resiste hasta límites insospechados, llegando a crear situaciones realmente absurdas (y muy graciosas). Todo esto, claro, hacía sospechar a los dowayos, que creen que el hombre blando lo sabe absolutamente todo. O al menos sabe todo lo que ellos pueden llegar a saber. Así que la incompetencia de Barley era vista por los dowayos con desconfianza, pues pensaban que el investigador estaba de alguna forma haciéndose el tonto con algún fin que ellos no lograban comprender. Esto se unía a la creencia de los nativos de que el investigador era en realidad un espíritu antepasado reencarnado que en cualquier momento se sacaría su disfraz de hombre blanco para mostrarle a todo el pueblo quién era en realidad.

Otro problema de acceso que el autor describe y que tiene gran importancia es el poco valor que los propios dowayos dan a sus costumbres y a su cultura. Este era el motivo por el cual cada vez que eran preguntados por aspectos de su cultura, ellos respondían vagamente, sin dar apenas detalles y explicando sus costumbres de forma tautológica (este ritual de la lluvia es así para atraer la lluvia). Como se comentó anteriormente, no solo suponían que el investigador debía saberlo todo sobre su cultura, sino que además no debía parecerle ni interesante ni digna de estudiar. Esto hacía del trabajo del antropólogo algo muy cansado, agotador, ya que cada pequeña fracción de información cultural, tenía que ser sacada de los individuos de forma muy costosa. Además, resultado de esta baja autoestima cultural, por llamarla de algún modo, los dowayos omitían consciente o inconscientemente aspectos de los rituales, de su simbología o de su forma de vida, que para el antropólogo eran sumamente importantes y significativos. Y solo después de meses de convivencia, de casualidades y de la propia pericia del autor, pudo descubrir y hacerse una idea mas o menos clara de muchas de las cosas que allí sucedían y porqué.

El libro, como veis, es un mar de ejemplos muy didácticos. Además, muestra de una forma muy clara y directa en qué consiste el tan sobrevalorado "trabajo de campo" entendido a la manera tradicional, tal como el propio Malinowski describió. No hay lugar aquí para idealizaciones; todo este trabajo es mostrado tal y como se presenta al propio investigador; enfermedades, problemas burocráticos, personales, de transporte, de alimentación, etc se vuelven el centro del trabajo de campo. El objetivo que en un primer momento parece primordial y único, se convierte casi en algo terciario, después de conseguir una buena salud, un sitio donde vivir y, primeramente, llegar al poblado al que te diriges y ser aceptado allí.

Es, como dije, un libro de fácil lectura. Muy amena y divertida, pero que esconde detrás de esto muchas grandes verdades acerca de qué es la antropología. Y aunque sea una lectura por este motivo recomendada a todxs lxs antropólogxs, es también una lectura muy buena en sí misma como novela de viaje o aventuras, por lo que desde aquí, se la recomiendo encarecidamente a todo el mundo.